Malvinas: el triunfo de la memoria

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Publicado 14 de junio de 2016 en http://www.Momarandu.com

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(Por Graciela Mantiñan )

“Siempre me sorprende las emociones que las Malvinas pueden producir en el pecho de los argentinos”. Lo dice el Almirante Sandy Woodward, jefe supremo de la flota británica durante la guerra de Malvinas, en el libro de memorias que escribió mucho después de la victoria inglesa
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No discute la contienda ni su participación en ella, sin embargo él intuye un fenómeno que todos los argentinos, o casi todos, conocemos bien. Woodward habla de emociones, nosotros creemos que es amor.

Porque ¿cuál es el vínculo primero que nos une a las Islas? ¿Qué define aquello que nos homologa desde hace tanto tiempo, sorteando las amplias diferencias que nos separan?

Como todo lo perteneciente al orden afectivo, el amor es casi irreductible al orden del discurso. Resulta difícil explicar por qué amamos las Islas, parece más sencillo pensar qué hicimos con ese amor y por ese amor.

Lejos de fatigar el sentimentalismo declamatorio, bastaría con revisar las construcciones que realizó la cultura nacional en torno a las Islas ausentes. Quizá recorrer algunas, un viaje necesariamente breve y errático, nos brinde un punto de partida para pensar el tema.

En ese sentido, este artículo está muy cerca del interés por las ideas en cuestión, pero muy distante de cualquier afán polémico.

Quizá deberíamos comenzar por el mismo origen de la historia. En 1829 el primer gobernador de Malvinas don Luis Vernet lleva a su familia a las Islas, fundando-de hecho-el primer hogar argentino. Debió haber mucho amor para que su esposa aceptara vivir en una tierra tan difícil y allí dar a luz.

Después hombres muy distintos nutrieron la defensa de la soberanía nacional sobre las Malvinas, la mayoría sin conocerlas. Eran intelectuales notables, algunos además batalladores políticos. Nadie puede discutir la lucidez de sus ideas o la valía de sus obras.

¿Qué leyeron en las Islas? ¿Qué los impulsó a incluirlas en reivindicaciones que según ellos, hacían a nuestra identidad nacional?

Es bien sabido que Malvinas convocó la pluma del federal José Hernández, el liberal Paul Groussac, el socialista Alfredo Palacios, el radical forjista primero y peronista después Raúl Scalabrini Ortiz y también la de Jorge Abelardo Ramos que postuló una izquierda nacional.

No hablaremos de las iniciativas de los presidentes Juan Domingo Perón y Arturo Illía, hombres cuyo pensamiento y actuación ya juzgó la historia.

Sí nos referiremos a otras formas en que la cultura argentina registró las Islas, volviendo a preguntarnos qué escucharon hombres de todas las épocas para detenerse en ellas.

Pocos conocen que Juan Bautista Alberdi, un imprescindible-como diría Bertold Brecht – del siglo XIX, advirtió que había estancias que estaban más cerca de las Islas que de la pampa. Fue en “Quijotanía”, título significativo, un capítulo de su libro Peregrinación de luz de día, 1871.

Quizá también se ignore que Roberto Payró, que entre otras aportes creó la imagen literaria del pago chico bonaerense, viajó al sur como cronista. En La Australia Argentina, 1898, registró el tránsito frecuente, e ilícito, de los indios de la Patagonia a las Islas. Payró recuerda que un lugareño, el comandante Godoy, decía que “allí estaban peor que acá”.

¿Lo sorprendente?: en el prólogo de la obra, Bartolomé Mitre desde La Nación saluda la obra de su periodista sobre la Patagonia, sosteniendo que “importará la toma de posesión, en nombre de la literatura, de un territorio casi ignorado, que forma parte de la soberanía argentina”

¿Qué peculiar visión les hacía integrar la Patagonia y la colonia inglesa, así la reconocen Alberdi y Payró, como parte de un mismo mapa? En definitiva no tan lejos de nuestro actual mapa.

El relato de Malvinas, la forma que las Islas se corporizan en nuestra cultura, no dejó de crecer, aun cuando el mundo y la Argentina cambiaran bajo el imperio de sucesos que modificaban los escenarios políticos y culturales radicalmente.

En 1966, dos hombres muy diferentes focalizaron la atención de los argentinos sobre Malvinas. Uno ocupó las pantallas de los televisores. Otro, la primera plana de los periódicos.

Raymundo Glazer, el creador del grupo Cine de la Base, hizo el famoso reportaje a las Islas para Telenoche, un noticiero de canal 13. Dardo Cabo, vinculado al gremialismo peronista y futuro montonero, comandó el Operativo Cóndor.

Es cierto: razones distintas movilizaban sus iniciativas, sin embargo en un futuro ambos compartirían el triste destino de ser detenidos desaparecidos del proceso militar.

Nunca aceptamos que el crimen de la guerra del 82 se perpetrara por amor a las Islas, pero aprendimos a defender ese sentimiento de las manipulaciones políticas. El mejor ejemplo lo dieron sus más directas víctimas, los conscriptos que combatieron en Malvinas. Ellos forjaron en sus testimonios la tradición de “la vuelta”, el retorno a las Islas para cerrar un capítulo dramático de sus vidas.

Algunos aceptando como Roberto Herrscher, autor de Los viajes del Penélope, 2007, que una parte suya seguía ahí. Quizá por eso cuando ya era un notable periodista, él logró que la goleta Penélope, donde había prestado servicio durante la guerra, retornara desde Alemania a su puerto originario, las Islas Malvinas.

¿Acaso esta tradición de la vuelta no puede leerse como un indicio de amor por las Islas, ese lugar donde estuvieron poco más de setenta terribles días y que continuaron pensando todos los años que siguieron ?

Bastaría bucear en el cine documental, ese que pasa tan rápido por las pantallas del Gaumont de Buenos Aires, para encontrar un ejemplo que su humildad hace relevante.

Volver a Malvinas (2015) narra la historia del retorno a las Islas de un grupo de excombatientes empleados desde 1982 en un sindicato que ahora les facilitaba el viaje.

En la película, sencillo testimonio de una experiencia, todos recuerdan lo difícil que era para un excombatiente conseguir trabajo después de Malvinas, todos agradecen esa “vuelta” que confiesan, habían soñado largamente.

Uno de ellos llega al lugar donde había estado durante la guerra, se saca los guantes y comienza a excavar en la gélida turba. Llorando dice que allí dejará una carta y un rosario que le dieron su anciana madre y su hija adolescente y su vieja cédula de identidad, porque, insiste, su identidad está ahí, quedó ahí.

Mudos testigos de este itinerario, hecho a vuelo de pájaro, está todo lo que prolonga el relato de Malvinas desde 1833 La amplia biblioteca que ya forman las ficciones, los testimonios, las crónicas periodísticas, la poesía, la dramaturgia e inclusive la historieta inspiradas en las Islas. La discoteca de música de distintos géneros que cantó a Malvinas. Las artes plásticas que buscaron formas para representarlas. Y el cine, básicamente documental, que sigue construyendo imágenes de las Islas.

Es cierto, crecieron notablemente después de la guerra del 82. Seguramente las potenció la visibilidad que el reclamo argentino adquirió en escenarios nacionales e internacionales desde 2003 a 2015. Pero también la notoria multiplicación de profesionales muy jóvenes dedicados a estudiar los más diversos aspectos de las Islas

No le preguntemos a los funcionarios, los diplomáticos o los académicos: simplemente interroguemos a gente con haceres y experiencias distintas, ¿por qué las Islas siguen inspirando a la cultura nacional? ¿Qué voces escuchan? ¿Qué sentimientos comparten? ¿Qué ideas los motivan?

Quizá entonces se pueda comprender qué funda esa prioridad absoluta que constituye para los argentinos la defensa de nuestros derechos soberanos sobre las Islas. Sin alterar los intercambios comerciales que podamos tener, que por otro lado nunca se interrumpieron, con el reino de Gran Bretaña.

Más que evocar la rendición militar de Puerto Argentino el 14 de junio de 1982, creo que hoy debemos celebrar el triunfo de la memoria nacional que, aun en los más terribles momentos, siguió construyendo el amor por las Malvinas.

Toda una amplia y valiosa cultura así lo testimonia. Su misma existencia dice que a los que no lo comprendieron, la historia les deparó un piadoso olvido.

 

 

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Autor: A vos te falta Malvinas

Profesora de enseñanza normal, secundaria y especial en Letras, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Magister de la Universidad de Buenos Aires en Literaturas Española y Latinoamericana. Trabajó como asistente de programación en Radio Nacional y ejerció la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras(UBA). Como integrante del Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz participó en la realización de fascículos, antologías, artículos, bibliográficas y el libro “Las huellas de la imaginación”. En la actualidad lleva a cabo la investigación “Nieblas de Malvinas. Algunas formas narrativas de las Islas”

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