Los pichiciegos de Rodolfo Fogwill. El mito de la creación.La creación del mito.

Rodolfo Fogwill (1941-2010) fue una figura central en la literatura creada en la Argentina a partir de la recuperación de la democracia en 1983. Su obra narrativa y poética así como sus colaboraciones periodísticas, ejercieron una notable influencia en los jóvenes escritores de la época.

Sociólogo, profesor universitario y publicitario especialista en marketing, su novela  Los pichiciegos (1983), inspirada en la guerra de Malvinas librada un año antes, narra la historia de un grupo de soldados desertores que durante la contienda se refugian  en una cueva, que concluyen llamando “la pichicera”.

La crítica literaria leyó la obra  como “una visión farsesca de la guerra” (1) y tiempo después como el relato de la fundación de un lenguaje, una interpretación tal vez  promovida por el  mismo Fogwill que distanciaba la creación de su novela , escrita durante la guerra, del hecho mismo de la contienda (2).

En Los pichiciegos, los jóvenes conscriptos desertores inspiran y nutren  el “mito pichi”, que la obra articula narrativamente con epifanías casi joyceanas y apariciones (3) quizá inspiradas en el realismo mágico. Ese mito, que las autoridades militares argentinas adjudican a la superstición, se difunde rápidamente entre los desesperados combatientes.

La creación de mitos es un tema frecuente en la literatura latinoamericana y durante el siglo XX, múltiples intelectuales argentinos  reflexionaron  extensamente sobre nuestros mitos nacionales (4).

Pensamos que en el caso de Los pichiciegos, tan importante en  la lectura cultural de la guerra de Malvinas, la relevancia del mito supera lo habitualmente reconocido, ya que cruza  transversalmente  esta  novela  que ha sido  largamente estudiada  en el país y en el exterior.

¿Cuál es nuestro punto de partida?: un trabajo  en curso sobre la configuración narrativa de las Islas, una tradición literaria argentina  que  tal vez  comienza quizá en 1833 cuando los británicos  toman posesión de las  Malvinas, se amplía notablemente con la guerra de 1982 y se prolonga hasta la actualidad.

Por eso  creemos que estudiar el mito de la creación de la novela y la creación del mito pichi en Los pichiciegos alumbra  ciertos aspectos importantes de un  discurso  que pensó las Islas en el capítulo más dramático de su historia, cuando un crimen- otro más- de la dictadura militar argentina las transformó en un escenario bélico.

¿Qué antecedente orienta nuestra búsqueda?: durante una investigación anterior sobre el relato testimonial  de la guerra de Malvinas (5), nos interesó el tema de las radios  que escuchaban los  soldados en las Islas.

Quizá disparó nuestra atención una radio inglesa que escuchaban los desertores de la novela fogwilliana, que trasmitía  folklore y tango argentinos  y rocks de Elvis Presley. Entre sus locutores,  había una voz  reconociblemente chilena.

Muchas lecturas ameritó esta radio: nosotros preferimos pensar que la pichicera conformaba una especie de comunidad imaginada (6) donde las emisoras, argentina y británica, marcaban el “mientras tanto”. A pesar de su mala audición, los mensajes contradictorios advertían a los desertores que el final estaba próximo. Las características de las radios sumaban a la farsa narrativa, acentuando la tensión entre el creer-no creer que laceraba el mundo pichi.

Hasta que descubrimos que durante la guerra había funcionado una radio inglesa, Atlántico Sur, que tenía notables puntos en común con la que aparecía en la novela.

Creada por los británicos (7) para desmoralizar a los argentinos, esta radio prolongaba una forma de propaganda bélica que se desarrolló ampliamente durante la segunda guerra mundial. Todavía  hoy  se recuerdan  tanto los mensajes de la BBC a la resistencia francesa como los de la locutora  japonesa Rosa de Tokio (Iva Toguri D´Aquino) en “The Zero Hour”, acicateando a los norteamericanos en el Pacífico.

En 2013, un artículo de Lucrecia Bullrich en La Nación sobre documentos de la guerra recientemente desclasificados por el gobierno inglés y un programa de Radio Provincia que se llamaba  justamente “La Rosa de Tokio”, nos permitieron conocer esta emisora que según algunos  se irradiaba desde la Isla de Ascensión y según otros desde Londres.

Atlántico Sur funcionaba separadamente de la BBC, cuya política comunicacional le impedía este tipo de práctica de propaganda. Es cierto: al comenzar la guerra la BBC modificó su staff, por ejemplo desplazando a Fernando Del Paso, un cronista mexicano que el tiempo haría famoso (8). Pero también se sabe que durante la contienda, su independencia informativa le generó algunos conflictos con el alto mando inglés.

Quienes la escucharon coinciden en que entre otras características, eran frecuentes los errores idiomáticos de los locutores, algo que sería impensable en la experimentada BBC.

Así conocimos además Radio Liberty, la contrapartida argentina que dirigió Enrique Mancini, años después el periodista minusvaloró la funcionalidad de ambas emisoras señalando que para ser escuchadas,  exigían la posesión de emisoras de onda corta.

Nuestras lecturas de testimonios de excombatientes nos decían que era algo casi imposible para ellos, que en el mejor de los casos escuchaban en radios a pila  la emisora  creada por el gobernador Menéndez en las Islas o las uruguayas Colonia y Carve. Pero también muy difícil para los británicos, ya que las naves inglesas que bloqueaban las Islas inutilizaban  la “argie” con su arsenal tecnológico.

El interrogante de la radio era demasiado significativo y nos conducía  inevitablemente a la BBC y en especial  a las emisoras de onda corta.

Se hizo muy importante entonces un concepto que Orecchia Havas crea leyendo las ficciones de Ricardo Piglia, ella habla del “autor empírico”  señalando la presencia de la autobiografía y la biografía intelectual en sus obras. Para Piglia, el registro de la voz y la experiencia del autor eran una característica de la literatura contemporánea (Premat, 2016:277-278).

Con esa orientación releímos “Muchacha punk”, el relato de Fogwill fechado en 1979, cuyo narrador conoce Londres y evidencia familiaridad con la BBC, “el frío que anunciaba la BBC” (Fogwill, 2009:129). Quizá esa familiaridad le venía de lejos, en “Retrato” (1998), el autor recuerda que su familia de origen inglés, escuchaba esa emisora durante la segunda guerra mundial, lo que inició su interés por los temas bélicos (F., 2010:21-22) (9).

Fogwill practicó el deporte de la navegación, quizá parte de esa experiencia se hizo presente en “El japonés” (1981) que narra un viaje accidentado  donde el protagonista  usa un transmisor de onda corta y sintoniza las radios  Provincia y Sodre. Por segunda vez, ya lo había hecho en “Muchacha punk”, el  narrador menciona las Islas Malvinas en el relato (F., 2010:63-85).

El protagonista de la novela En otro orden de cosas  que transcurre antes de la guerra del 82, también usa emisoras de onda corta y alude reiteradamente a las baterías, esas “batteries” que en Los pichiciegos, los desertores reclamaban a los ingleses. “Él tuvo tiempo de escuchar emisiones de radio de onda corta. Después las baterías se descargaron, dejó la radio sobre un estante del placard y nunca la volvió a encender” (F., 2008:32).

La literatura fogwilliana alumbró  un indicio claro  para el tema de las radios de onda corta, pero además reveló un dato de la época. Nos referimos al uso de  estas emisoras  por parte de gente que no creía ese “¡Vamos ganando!”, enfatizado por  el gobierno y el falaz discurso periodístico, que reaparecerá en la narrativa inspirada en la guerra como expresión de una mentira tan absurda como generalizada (10).

Comprendimos entonces que estudiar el mito de la creación de Los pichiciegos superaba el acotado terreno de las fuentes de información del escritor.

Estudiando la obra de Adolfo Couve, Andrea Garrido  dice que  autor, narrador y personaje constituyen una tríada (Premat, 2016:264). Este  concepto nos pareció valioso para abordar cómo  Fogwill narra la creación de la novela y explorar esa tríada en sus obras literarias y  colaboraciones periodísticas (artículos y entrevistas) previas y posteriores a Los pichiciegos.

El escritor relató la creación de la novela muchas veces, en general sin variantes. Por ejemplo en 2006  en un artículo periodístico, evoca una reunión laboral celebrada el primer martes de mayo de 1982 con militares, entre ellos el general Saa, en la agencia publicitaria D´Annunzio que era propiedad de un hijo del general Viola (11). Allí hablan de la guerra y los militares auguran un seguro triunfo argentino (Kohan, Clarín).

Luego se dirige a la casa de su madre que  muy enferma, miraba noticias televisivas. Ella lo recibe alborozada diciéndole “¡Hundimos un barco!”. Según Fogwill, a partir de ese momento,  en tres días y con algunos gramos de cocaína, escribió Los pichiciegos.

Previsiblemente la madre del escritor se refería al navío británico Sheffield, hundido por la aviación argentina el 4 de mayo de 1982.

El escritor siempre enfatizó su distancia de los sucesos que conmovían al país, en la entrevista ya citada declara que en ese momento “la realidad no existía para mí”. Pero también evocó sus esfuerzos para publicarla, quizá y entre otras razones, para fortalecer la condición anticipatoria de la obra. Según él anunciaba el  neoliberalismo que impondría el   gobierno de Carlos Menem en 1989.

En 2010, evocando sus diálogos de la época de la guerra, recuerda, entre otros interlocutores, a “la mesa de los servicios navales” de la confitería Florida Garden que él frecuentaba (Aguirre, La Capital).

Hasta aquí la creación del “personaje de autor” como diría Julio Premat  que construye el mito de la novela (2016:313). A partir de una experiencia literalmente alucinada, un escritor indiferente a lo que acontecía en al país, concreta una novela que narra, entre otros temas, el maltrato sufrido por los conscriptos, lo que ellos hacían para sobrevivir, su penosa forma de vivir en un paisaje y clima hostiles, inclusive episodios bélicos que nadie conocía (12). Y anticipa la derrota argentina.

Ciertos datos del contexto nos ayudarán a examinar el discurso de Fogwill, sin entrar en otros recuerdos del escritor. Por ejemplo la discusión que tuvo con el diario Clarín cuando le ofreció el original de la novela para su publicación.

En 1994, en una entrevista periodística fija el tiempo de la escritura: fue mucho antes de la llegada del Papa al país y la difusión de los primeros testimonios de lo sucedido con los conscriptos en el frente. Cita personajes del mundo intelectual (Enrique Medina, Jorge Lafforgue, Beatriz Guido) que podrían confirmar la existencia del libro ya a comienzos de junio de 1982. “Soñaba que la novela debía publicarse, porque la guerra pronto terminaría” (F., 2010:150)

Es cierto, él habla de “versiones” de su novela que no son conocidas, pero un hecho evidente es que su obra concluye con la fecha 11-17 de junio de 1982, dos días después de la rendición en Puerto Argentino.

Un dato que el prestigioso profesor y crítico literario  Carlos Gamerro tampoco puede explicar en el  artículo que dedicó a reconocer la importancia de la novela fogwilliana (13). Cabe señalar que Gamerro es el autor de  Las Islas (1998), una novela que junto con  Los pichiciegos, constituyen verdaderos  clásicos  de la narrativa inspirada en la guerra.

Lo cronológico también aporta a la construcción de  un contexto: durante la guerra de Malvinas, el país vivió una censura mediática que ya ha sido largamente estudiada, al promediar la guerra se prohibió el acceso a los diarios extranjeros. Juan Pablo II llegó al país el 11 de junio de 1982.

La primera rendición argentina se concretó el 29 de mayo en Pradera de Ganso,  Bahía San Carlos, donde desembarcó la armada británica que llevaba en sus buques a periodistas, entre ellos el famoso Robert Fox. Ellos ofrecieron una amplia cobertura de los ataques marítimos, aéreos y terrestres a través de la BBC y otros medios a todo el mundo, un hecho que aparece registrado tanto en el temprano  La batalla por las Malvinas de Hastings y Jenkins (1984)  como en el  relato testimonial británico  (14).

Los ingleses no sólo habían preparado a un oficial de origen costarricense para solicitar la rendición al jefe de Pradera de Ganso, sino que con altavoces exigían en castellano esa rendición a la tropa (Teves, 2010:194). En la novela,  los británicos incitaban a rendirse tirando desde los Harriers una suerte de “contrato de rendición” que  el narrador  describe en la mano de los que caen antes de entregarse, como la  “entrada intransferible para el gran teatro de los muertos” (F.2006:149)

Por último, probablemente el general Saa, referido por Fogwill, sea Juan Saa, integrante del estado mayor conjunto durante la guerra de Malvinas. El general Martín Balza, que fue artillero durante la guerra y luego jefe del ejército argentino, criticó duramente  que la conducción militar de la guerra permaneciera mayoritariamente  en Buenos Aires (2003).

Un dato ineludible del mito de creación de la novela se enlaza con el personaje de autor: Fogwill deposita en su lucidez la capacidad de haber forjado la historia de los pichis, pero también en su condición de intelectual aggiornado. En la ya citada entrevista que le hace Kohan  en 2006, dice: “leía la prensa inglesa, la prensa brasileña y leía el Times…eso me llevó a entender lo de Malvinas cuando apenas empezaba. En esa época, vos, con ese background, entendías todo”.

Sin embargo, los relatos de Fogwill, previos y posteriores a Los pichiciegos, nos revelan que determinados temas nunca le fueron ajenos.  En síntesis, tenemos la posibilidad de estudiar los discursos de un  narrador que no sabe que creará un mito y  de otro, el mismo,  que carga con el peso de haberlo hecho.

Este artículo ya se refirió a la forma en que la literatura fogwilliana registra su antigua familiaridad con la BBC y que le significó una temprana relación con el tema bélico. También aludió a su conocimiento del uso de radios de onda corta, previo y posterior a Malvinas y al hecho de que el escritor manifestaba haber permanecido muy distante de la guerra.

“Sobre el arte de la novela”, un cuento fechado en 1982, que podemos intuir posterior a la novela, tiene un protagonista que sigue con mucho interés la cobertura periodística y televisiva de la guerra ofreciendo un dato aún hoy poco conocido. El jingle Argentinos a vencer que emitieron todos los medios,  habría sido grabado en el estudio del publicista  Nolo Pugliese y sus compases iniciales repetirían los del himno falangista Cara al sol (Fogwill, 2009:357-392).

Escrito en 1983 (15), “Help a él”, una magnífica parodia de “El Aleph” de Borges, la guerra de Malvinas funciona  como un indicador del tiempo de la acción. Su protagonista tiene fácil y reiterado acceso al télex, un medio de comunicación que como las emisoras de onda corta, no era masivo y que la dictadura  tampoco pudo prohibir. (F. 2009: 235-284)

Muchos años después, cuando el mito de la creación de la novela ya circulaba por la república de las letras, Fogwill volvió al tema de los servicios de inteligencia en Vivir afuera (1998), una novela que presumiblemente marca el retorno de Quiquito, el protagonista sobreviviente de Los pichiciegos, que  sigue llamándose Pichi pero ahora es un personaje lumpen del conurbano.

Allí el narrador plantea que un informante  de los servicios de inteligencia establecería vínculos entre el protagonista Wolf, claro alter ego del escritor y el Pichi “miembro del Grupo Puerto Argentino, un ex Malvinas de extrema derecha ahora evolucionado hacia posiciones trotskistas. Se atribuye la relación de ambos a una data del ochenta y dos y motivada por las investigaciones que el objetivo realizaba a fines de un libro sobre la guerra” (285).

Ahora “el objetivo” insinúa otra versión del mito de la creación de Los Pichiciegos.

En nuestra investigación sobre el mito de la creación de la novela, resultó valioso un concepto que Dardo Scavino, recordando a Giorgio Agamben, llama “la fidelidad a un límite musaico” (Premat, 2016:29).

Fogwill perteneció a una generación que presenció  muchas contiendas, desde la segunda guerra mundial hasta la guerra fría, pasando por las guerras de liberación de lo que se llamó “el tercer mundo”. Sabemos que no fue ajeno a las polémicas generadas por el marxismo en los ámbitos intelectuales en los años 60, cuando el mundo se polarizaba entre EE.UU. y la U.R.S.S.

Si bien recién en el cuento ya citado “El arte de la novela”, el narrador manifiesta su interés sobre el tema de cómo narrar una guerra, lo cierto es que distintos tipos de guerra  aparecen en relatos previos a Los pichiciegos, por ejemplo “Dos hilitos de sangre” (1998) y “Los pasajeros del tren de la noche” (1981), quizá el más anticipatorio de Los pichiciegos (F.2009: 15-31, 225-234)

Sería restrictivo considerar que el tema del mito de la creación de la novela sólo atañe a Fogwill como personaje de autor o que  constituye  un dato de su biografía intelectual. La importancia de Los pichiciegos nos inclina a considerarlo como parte de las tensiones que cruzaron y cruzan la literatura argentina cuando piensa  las Islas Malvinas.

 Si bien creemos que el tema del mito cruza transversalmente la novela, nos detendremos específicamente en el mito que la obra crea, el decir el mito pichi. Y trataremos de estudiarlo desde la tensión que podría establecerse entre  la biografía y la bibliografía del autor.

Julio Schvartzman  fue el primero en señalar y estudiar la configuración del mito pichi en la novela, aún hoy sus observaciones, incluyendo los “Recuentos” que señala en Los pichiciegos  refiriéndose especialmente a Manuel Puig, son incuestionables(1996:144).

Su trabajo fue inspirador para nuestra investigación e inclusive posibilitó que ampliáramos el abordaje del tema, eligiendo otro sendero narrativo- los cuentos de Horacio Quiroga- para estudiar la simbiotización de los conscriptos con los animalitos santiagueños.

Pero para el objetivo de este artículo, la pregunta inicial es: ¿qué origen tuvieron esos pichiciegos que nutren el mito de los soldados desertores en las Islas en guerra, otorgándoles una señal de identidad a quienes lo han perdido todo?

En 2010, en una entrevista que le realiza Augusto Munaro para el periódico Los Andes, Fogwill evoca   cómo conoció a los pichiciegos.

Narra que una noche de 1980 esperando en silencio su traslado junto a otros presos  en la Cámara Federal porteña, “dos hermanos [catamarqueños] se contaban cuentos de su infancia, eran mitos de pueblos narrados con el acento inolvidable de esa provincia .Uno contaba y el otro agregaba detalles de que decía recordar”.

Relata que como los otros presos, él los escuchaba con admiración y que al final, el hermano mayor le preguntó al menor: “¿Sabés con qué ganas me comería un pichiciego?”. Idéntica frase usará el desertor en Los pichiciegos (F. 2006:26).

Desde la biografía personal, Fogwill enriquece su figura de autor  y dota de cierto origen carcelario al nombre de los soldados desertores.

Así evocada la anécdota inspiradora remite a los cuentos de fogón, típicos de la literatura  argentina del siglo XIX, donde no faltaban relatos que convocaban a lo extraordinario. Pero  también a una línea más amplia de la literatura universal constituida por relatos de personas que inmovilizadas por distintas razones, crean narraciones para paliar su encierro, desde el Decamerón de Boccaccio (siglo XIV) hasta Huis clos de Sartre (siglo XX).

¿Por qué no leer el peso inspirador de un episodio biográfico desplegándose sobre la gravitación de  una tradición literaria?

Quizá María Rosa Lojo aliente esta posición: en el artículo que escribe en 2012 en “ADN Cultura”, ella vincula Los pichiciegos con los gauchos reclutados y maltratados por las levas del siglo XIX, que concluyen desertando como el protagonista de nuestro poema nacional Martín Fierro de José Hernández (1872 y 1879).

La crítica recuerda que en los fortines de esa época, los famélicos soldados sólo podían comer carne de “piche” o de “pichi”, el tatú que menciona el preso catamarqueño evocado por Fogwill y el soldado santiagueño  de su novela.

 “Luz mala”, un cuento fechado un año después del episodio carcelario y un año  antes de Los Pichiciegos, un narrador adolescente se refiere a las creencias de la gente de la región donde se hallaba su  estancia familiar. Así aparecen mitos como la luz mala, la viuda, el hombre tigre “…que dice que baja de Catamarca a robar chicos y matar a todo lo que se le cruza en el camino (F., 2009:181).

Tema complejo, el mito siempre es  difícil de abordar inclusive en Los pichiciegos, pero lo ya expuesto nos permite por lo menos reflexionar sobre  la funcionalidad del mito Pichi en la obra  y vislumbrar qué materiales aluvionales de la biografía intelectual de Fogwill quizá alumbraron su creación.

Una interpretación  posible es que el mito Pichi  opera dentro del mito fundacional, la lectura  que Fogwill y la crítica literaria posterior impulsaron cuando la novela ya estaba consagrada.

En este caso resultaría sencillo crear una hipótesis vinculada con su biografía intelectual.

El sociólogo Fogwill fue testigo de las discusiones que a partir de los años cincuenta, se dieron contra y a favor, del ensayo nacional que a partir de 1930 había profundizado el tema de los mitos argentinos.

Un sendero donde resulta  significativa  la figura de Ezequiel Martínez Estrada, no sólo por su Radiografía de la Pampa (1940), sino por La cabeza de Goliat (1933) que introdujo el ensayo urbano, un tema al que los intelectuales sesentistas volverán de muy distinta manera.

Quizá además resulte clave recordar que el tema del mito tuvo gran difusión en la década del 60.Ya en 1971, un trabajo de Eduardo Romano y Aníbal Ford publicado en una colección de difusión popular, recoge aportes fundamentales incluyendo  autores relativamente recientes como  Lévi-Strauss, Greimas y Barthés.

Pensamos que en la época, la  vigencia del tema del mito incluía y superaba a los estudiosos de las ciencias sociales, recordemos que Fogwill era sociólogo. No en vano el trabajo de Romano y Ford incluye  la cita de un artículo sobre el mito publicado por  Julio Cortázar en 1964(16).

De las muchas proyecciones de esta temática que podríamos explorar  en la novela, preferimos citar-casi como una curiosidad – otras lecturas posibles del nombre “pichi”. Schvartzman le adjudicó una referencia fálica (1996, 143), Mantiñan  se inclinó por el lunfardo porteño que llama “pichi” a la gente sin importancia (2015,

Quizá no haya contradicción entre ellos ni con la cita de Lojo (ver p.12), posiblemente las tres lecturas reconozcan la pregnancia de una palabra que en determinado momento dio  nombre a un mito.

 Con respecto a la configuración narrativa del mito Pichi creemos que hallaríamos un indicio en las  lecturas de Fogwill, específicamente en los relatos de Horacio Quiroga, cuyo cuento “Los barcos suicidantes”, incluido en Cuentos de amor, locura y muerte (1917) reescribirá en la novela.

La relación del escritor con la obra de Quiroga era más profunda y compleja de lo que testimonian sus distraídas referencias (17), como lo demuestra “Otra muerte del arte” un relato al que el autor dotó de un largo período de creación (1997-2007) (F., 2009:33-46).

En este cuento, el narrador  recuerda que había escrito un relato que “plagiaba” el almohadón de plumas del cuento quiroguiano (F.2009:33)

Muy brevemente diremos que bastaría con pensar en los animales metaforizando a los seres humanos, la canónica tradición de la fábula que recogen los relatos de Quiroga, por ejemplo en Cuentos de amor, de locura y de muerte o Los desterrados (1926).

Fogwill invertiría el signo, los seres humanos se metaforizan en animales o por lo menos, las características de los pichiciegos construyen una  identidad  de los pobrecitos conscriptos.

Quien conozca la obra de Quiroga nos preguntará con justicia qué une  la cálida selva misionera con el gélido paisaje malvinense. Quizá le responderíamos que determinados motivos como determinismo del paisaje y la condición de desterrado ya formaban parte de la tradición literaria argentina cuando Fogwill crea Los pichiciegos.

El mito de la creación de la novela  y el mito Pichi fueron significativos en la obra posterior del escritor, pero  quizá Runa (2011), escrita casi al concluir su vida, señale su destino narrativo final.  Porque Runa relata a  la construcción de un mito fundacional  en una  isla  previsiblemente  lejana y ajena.

La configuración narrativa de las islas Malvinas que realiza la obra de Fogwill, uno entre sus múltiples y valiosos aportes literarios, constituye  un capítulo notable que asocia lo personal e intransferible con lo epocal y el peso de una tradición narrativa nacional.

 En ese sentido, estudiar el mito de la creación de la novela  y la creación del mito pichi  en Los pichiciegos  nos permite seguir pensando las Islas que representan  un conflicto abierto de la cultura nacional argentina.

Notas

(1) Una definición muy reiterada, la leímos por primera vez en Kohan, Martín, “El fin de una épica”, Punto de vista, nro.64, 1999: 6-11.

(2) El autor declaró: “pretendía ser un trabajo sobre el habla argentina. Pero no sé si lo logró” (Fogwill, 2010:332).En otro entrevista  dijo que la obra trabajaba sobre el genoma histórico  argentino “con el microscopio de la imaginación ficcional” (Kohan, Clarín, 2006). Entre los críticos que aceptaron su visión de la obra, véase Sarlo, Beatriz ,1994 y González, Horacio, 2012.

(3) Entre las visiones, está la aparición de dos figuras femeninas que claramente remiten a las monjas francesas Léoni Duquet y Alice Domon desaparecidas en 1977 durante la dictadura militar. Entre los ejemplos que ilustrarían el concepto de epifanía joyceana, elegimos  lo que dice un soldado cuando se le aparecen  esas mujeres: “Cientos de corderos  hacían crecer entre las piedras” (F., 2008:76).

(4)Si bien la lista sería muy extensa, preferimos citar  Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato (1961),  cuyo capítulo III “Informe para ciegos” pensamos  es relevante  para el tema aquí desarrollado. No creemos que sea azar: en su  primera edición  Los pichiciegos  tenía como subtítulo  Visiones de una  batalla subterránea.  Fogwill  reconoció que  inicialmente la obra lo había  impresionado Debió ser así porque su Un guión para Artkino (2008), escrita antes pero publicada después de Los pichiciegos, está directamente vinculada con la obra y la biografía de Sábato.

(5)Mantiñan, Graciela: ´A vos te falta Malvinas´. Señales de identidad en el relato testimonial  de la guerra de Malvinas.1982-2005. (Tesis de maestría).

(6)No aludimos en forma literal a la comunidad imaginada que plantea  Benedict Anderson,  sólo extendemos a una comunidad que duró setenta y cuatro días en Malvinas, su idea de que  los periódicos al comienzo de la modernidad  fueron  constructores de ese “mientras tanto” que inaugura la simultaneidad de la percepción temporal ( Anderson,1993:26-30).

(7)El gobierno inglés comunicó su creación el 19 de mayo de 1982 (Terragno, 2002:355-356).

(8) Adolfo Del Paso, que en 2015 recibió el Premio Cervantes,  testimonió  su experiencia en El van y ven de las Malvinas (2012).

9) Advertencia válida para todas las citas de los relatos de Fogwill: pertenecen a la edición de  sus Cuentos completos (2009) donde él  fijó la fecha de creación de  los mismos.

(10) Al cumplirse el trigésimo aniversario de la guerra, Perfil publicó el testimonio del político Martín Sabatella, que era un niño en 1982, cuyos padres escuchaban emisoras de onda corta (“Una radio para conectarse con la verdad”). Y “Los cobardes no sirven para la guerra”  un relato autobiográfico de Omar Genovese   donde  el protagonista, un adolescente que teme ser convocado a la guerra, también escucha esas emisoras  (1 de abril de 2012:13). Ficciones y testimonios  volvieron muchas veces a ese “Vamos ganando” de amarga memoria para los argentinos. Cito sólo a título de ejemplo el relato “Soberanía nacional”, el relato  de Rodrigo Fresán incluido en Historia Argentina (1991:12) y un testimonio incluido en  Los peones de Malvinas de Roberto García Lerena (2009:23). En 2005, la frase dio título a un cortometraje guionado y dirigido por Ramiro Longo

 (11) Durante la dictadura militar, el general Roberto Viola sucedió al general  Rafael Videla en la presidencia  desde el 29 de marzo al 11 de diciembre de 1981.Fue reemplazado por el general Leopoldo Galtieri, bajo cuyo gobierno se desencadenó la guerra de Malvinas.

(12)En una entrevista realizada en 1995, Danilo Alberó le marca a Fogwill que la novela relata, con mucha pericia técnica, la eyección de un piloto inglés durante la guerra.  El escritor le responde que fue “un pseudo conocimiento” (F. 2010:284).Los bombardeos aéreos británicos  comenzaron el 1ro.de mayo de 1982 y el único prisionero inglés que tuvieron los argentinos, fue  Jeff Glover, un piloto de la Royal Air Force que se eyectó el 21 de mayo de 1982.

(13) Ver Facundo o Martín Fierro, Gamerro, 2015: 441-448.

(14) Ver Tinker, 1983; Thompson, 1987; Woodward, 1992.

(15) Para tener en cuenta: en Cuentos completos, el relato está fechado en 1983. En una entrevista periodística en 2009, Fogwill dice que lo escribió en  1982(F.2010:345).

(16)Julio Cortázar. “Para una poética”. La Torre .II (7) 121-138, jul-set.1964.

 (17) En la entrevista que le realiza Danilo Alberó, Fogwill dice que debió enfatizar que “Los barcos suicidantes” era de Quiroga porque temía que no le creyeran (F. 2010:290).Quizá vale la pena aclarar que los relatos de Quiroga se difundieron en innumerables antologías y ediciones muy populares, sobre todo porque parte de esos cuentos fue  material de lectura  para  niños y adolescentes.

 

Obras citadas

Aguirre, Osvaldo. “Un escritor siempre en guerra. La Capital .6 de junio de 2010. 20 de enero de 214<www.lacapital.com.aredsenales (2010/6) edicion_84html>

Alberó Vergara, Danilo. “Nuestro espacio literario varía con accidentes como el viento”. Maniático textual, 1995 .Fogwill, 2010:284-292

Anderson, Benedict. “Las raíces culturales”. La comunidad imaginada. Buenos Aires: Barcelona: Paidós.1993.26-60.

Balza, Martín.Malvinas.Gesta e incompetencia. Buenos Aires: Atlántida, 2003

Bullrich, Lucrecia. “La radio que sonó en Malvinas para desmoralizar a los argentinos”. La Nación.2 de enero de 2013.4 de junio de 2013<www.lanación.com.ar/1542000-la-radio-que-sonó-en-malvinas-para-desmoralizar-a-los-argentinos>

Del Paso, Fernando. El van y ven de  las Malvinas.Argentina:FCE.2012

Fogwill, Rodolfo. Los pichiciegos. Buenos Aires: Interzona, 2006.

                             Un guión para Artkino. Buenos Aires: Mansalva, 2008.

                             En otro orden de cosas. Buenos Aires: Interzona, 2008

                              Cuentos completos. Buenos Aires: Alfaguara, 2009.

                              Los libros de la guerra. Buenos Aires: Mansalva, 2010.

                               Runa. Buenos Aires: Interzona.2011.

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Autor: A vos te falta Malvinas

Profesora de enseñanza normal, secundaria y especial en Letras, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Magister de la Universidad de Buenos Aires en Literaturas Española y Latinoamericana. Trabajó como asistente de programación en Radio Nacional y ejerció la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras(UBA). Como integrante del Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz participó en la realización de fascículos, antologías, artículos, bibliográficas y el libro “Las huellas de la imaginación”. En la actualidad lleva a cabo la investigación “Nieblas de Malvinas. Algunas formas narrativas de las Islas”

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